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lunes, 22 de noviembre de 2010

Carta a una princesa

Amor,

Espero aún me recuerdes, como yo a ti.
Te extraño, y me es difícil olvidarte.
No hay día en que no vea tus ojos reflejados en el estanque.
Con aquellos ojos me amabas y luego me dejaste de amar.
¿Dolió? Sí, muchísimo; pero mi piel es dura, y nada la puede atravesar.
Desde que me dejaste me he encogido, y el mundo se ha agrandado. Siento que me tienes en la palma de la mano, a tu merced.
Hoy voy saltando por la vida, sin rumbo.
Ya nadie cree que te tuve entre brazos, y que te supe amar como nadie.
Cada vez que lo mencionó me creen loco, me dicen: "¿Tú? ¿Con ella? Imposible".
Hago oídos sordos.
Me gustaría volver a ser el príncipe que un día fui para ti.
Tan solo piénsalo....y si decides volver,  dame un beso....que todo volverá a ser como antes.

Siempre tuyo,

El sapo de la fuente

sábado, 23 de octubre de 2010

Inteligencia de niño

Ayer, en la lectura de La Licorne, un poeta americano leyó un fragmento del canto VIII de La Odisea de Homero, y concluyó el fragmento con una reflexión sobre la muerte que iba así:

"Muerte, muerte, muerte, muerte, muerte, muerte, muerte, muerte, muerte, muerte, muerte, muerte, muerte, muerte, muerte, muerte, muerte, muerte, muerte, muerte, muerte, muerte, muerte, muerte, muerte, muerte, muerte, muerte [...] muerte..."

Algunos vieron esta reiteración masiva como una forma de recordarnos que la muerte está presente siempre, y otros dijeron que el repetir constante de una palabra le quita y cambia el significado y contenido, a lo que un niño de 8 años que estaba presente en la reunión dictaminó:

"Igual que 'monja', que cuando la decís muchas veces pasa a ser 'jamón'."


Y pensar que eramos capaces de generar esas reflexiones simples, inteligentes, e inocentes a la vez.

Su comentario valió la noche.