sábado, 4 de septiembre de 2010

Un día desperté...

Un día me desperté Montesco y luché por tenerte a mi lado.
Y valió la pena porque tú, Julieta, luchaste conmigo.
Un día me desperté Sandokán, y olvidé mis sueños y pasiones.
Y valió la pena porque tú, Mariana, eras la mujer más bella que había visto.
Un día me desperté Tudor y dejé como regente la pasión.
Y valió la pena porque tú, Anne, me hiciste sentir un rey.
Un día me desperté Bonaparte y desarrollé mi olfato.
Y valió la pena porque tú, Josephine, tenías el perfume de mujer.
Un día me desperté enfermo y más tarde fallecí.
Y valió la pena porque tú, viuda, me habías hecho el hombre más feliz.

3 comentarios:

  1. Me he preguntado varias veces si tanta tristeza se ve compensada por tanto amor, y si tanto amor vale tanta tristeza. A veces decido que sí, y me aterroriza que sea así.

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  2. El amor vale la tristeza del mundo entero... A mi también me aterroriza.

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  3. Me hizo sonreír. Mm, solía estar de acuerdo con que valía la pena, pero ya no estoy tan segura. Escribí algo sobre eso yo también una vez.

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